Ahora que fue mi última semana en John Lyon, decidí escribirle a cada uno de los 9 maestros con los que trabajé una tarjeta de agradecimiento.
No sé que tan normal o extraño sea, porque según mi maestro de japonés ya nadie escribe cartas, pero yo sigo haciéndolo porque me parece que el dedicarle a alguien un momento para expresarle lo que significa para nosotros es a veces un regalo mas valioso que cualquier cosa que pudiéramos comprarle.
Así que el martes de regreso en Uxbridge fui a todas las tiendas de tarjetas a buscar una para cada quien. A Monica, por ejemplo le compré una con un gatito, porque últimamente anda obsesionada con comprarse uno. A Nick tenía que comprarle una bonita pero que no pareciera tarjeta para niña, pero tampoco de broma, porque me llevo bien con él pero no tanto así. En fin, después de mil horas en Clinton’s, WH Smith, Birthday’s y Card Factory, tenía en mis manos las tarjetas ideales para cada quien.
Ahora faltaba la parte mas difícil, escribir en las tarjetas. Y es que en Inglaterra tienen una horrorosa costumbre. Mandan tarjetas a lo estúpido por cumpleaños, Navidad, día de las madres, del padre, para desear suerte en los exámenes, para dar las gracias, para dar las gracias por una invitación, para rechazar una invitación, para cambiarse de casa, para felicitar a alguien por cambiarse de casa, y un laaaaaaaaaaarguísimo etcétera. En sí el problema no está en el hecho de mandar las tarjetas, pues podría uno pensar que este detalle denota que uno piensa en la persona y/o en la ocasión y por eso envía la tarjeta pertinente. No, la horrorosa costumbre no es comprar las tarjetas (aunque me parece muy mal que compran cajas con miles de tarjetas iguales y a todos nos toca la misma) sino lo que ponen adentro. Y es que no ponen nada, o casi nada. Si la tarjeta dice Feliz Navidad, sólo ponen el nombre de uno arriba y firman. A veces ponen “saludos” o “besos (xxxx)”, pero nada mas. Para mi modo de ver las cosas, si no le voy a escribir a alguien, si no le voy a dedicar tiempo a esa tarjeta, no vale la pena ni siquiera comprarla. Mejor les digo “gracias”, o “feliz cumpleaños” o “feliz Navidad”.
Total que ahí estoy el miércoles en la noche escribiéndoles a todos, llorando como Magdalena y esperando no moquear ni lagrimear ninguna de las tarjetas, aunque pensándolo bien eso hubiera sido un toque muy personal… y muy asqueroso. Escribí cada una de las tarjetas deseando poder expresarles a mis amigos mi agradecimiento por su apoyo y amistad, por su confianza y amabilidad, pero a cada quién quería decirle porqué de una u otra forma habían sido tan importantes en mi vida. A Nick le dije cuánto lo admiraba y le dí las gracias por su honestidad, a Jo por confiar en mí y ayudarme tanto, a Ellie por haberme abierto las puertas de su casa, a Lindsay por su apoyo y por su ejemplo, a Monica por haberme divertido tanto y haberme invitado a las caminatas…
Pero lo mejor de todo fue ver las caras de todos y cada uno cuando abrían la tarjeta. Todos se sorprendieron mucho y comentaron que les había escrito mucho, que how lovely, how nice. Para mí fue importante porque poner en palabras un poco de todo eso que traigo dentro y creo que para ellos también fue importante. Es bueno saber cuando nuestros actos o nuestras palabras ayudan a alguien mas. A veces no nos sentimos valorados y no nos damos cuenta de que alguien aprecia las pequeñas cosas que hacemos. Eso por un lado, y por el otro ¿qué carambas? ¿Porqué no les voy a escribir? Les tocó convivir con una Patricia de la especie escritora y se amuelan.
Y a pesar de la tristeza del momento, sé que ellos también me aprecian a mí y que el hueco que a mí me queda dentro también lo dejo ahí.