Nos volveremos a ver,
en México.
Volveré a escuchar tu voz.
Sabrás por donde he seguido mi camino.
Nos volveremos a ver
en nuestra tierra,
la que nos vió nacer
y nos alimentó.
Y la que nos echó fuera, la que nos dejó volar…
La que nos permitió salir de la red.
¿Y no nos cobrará cara la osadía?
No quiero ver las flores marchitarse.
Ni quiero marchitarme yo.
Tengo miedo de que al regresar
la hiedra se me enrede en las alas
y me ahogue.
Haber volado tan lejos
y tener que volver al pequeño nido que dejé.
No puedo volver a ser lo que fui
porque ya no puedo ser lo que era antes:
sentir que no puedo decidir sobre mi vida,
que nadie entiende mis decisiones.
¿Para qué estoy aquí,
si no para vivir mi propia vida?
Nací para aprender y crecer,
y no quiero detenerme ahora.
Nos volveremos a ver en México,
lejos de las sombras
que me persiguen,
pero en el sitio donde nacieron.
Así va construyéndose una vida llena de errores
y sólo tristeza en el alma.
Estoy dispuesta a dejar que la vida
se me venga encima como una ola:
poder vivir lo que no he vivido.
Estoy dispuesta a pagar por el dolor que causé;
y a recibir la paga, si es que la hay,
por lo que he sufrido yo.