Tú hiciste mis sueños de colores
formas amargas, suaves, de distancia.
A través de una pantalla, a miles de kilómetros
cientos de letras me hablaban de tí.
Como en un cuento para niños
te construí un castillo absurdo
sobre las nubes
de mi propia pesadilla.
“Qué bonito color tiene tu voz”, me dijeron.
Tú pusiste ese color
y casi sin saberlo.
Entiendo que la magia la puso ahí
mi propio deseo.
Que el amor que se había acumulado
y decidí regalarte
nunca llegó a tí y regresó a inundarme. A ahogarme.
Y entiendo que el amor no puede forzarse,
que no puede exigirse.
Segura estoy
de que algún día me olvidaré de tí.
Algún día la intranquilidad que me oprime al despertar
se habrá ido
así como se fueron tus palabras un día.
Y no buscaré explicación.
El amor no tiene explicación.
Y si le busco un principio
ya estaba conmigo
y de develó ante tí.
Tú hiciste mis sueños de colores
dolorosos y felices
El corazón dice que valió la pena todo
y el pensamiento me ordena no sentir.
No sentirte,
porque no debo quererte.
No puedo quererte sin salir herida.
Entiendo que sobreviviré
pero nada será como antes
viviré sabiendo que existes
y que eras lo que hacía falta en mi vida.
Tú hiciste mis sueños de colores
profundos y compactos,
como comprimidos
me los he tragado uno a uno
en espera de lo que suceda.
Las lágrimas se secan en mis ojos
y se desprenden y caen como hojas al viento.
El otoño es dulce para amar
y amargo para caer al olvido.
Saber que no estuviste
y que tu voz profunda era hueca
y la verdad nunca existió.
Saber que el corazón fue mas fuerte que la mente
y que se inventó el amor
y ahora se niega a dejarlo ir
por temor a dejarme vacía, sin tí.


