No cabe duda de que debí preocuparme cuando subía y subía. Debí saber que iba a bajar. Sin embargo, no ha sido una caída estrepitosa y de hecho bajo poco a poco y por voluntad propia.
Me doy cuenta de que las ilusiones no valen la pena. Me doy cuenta de que la palabra ilusión es solamente parte de otra palabra: DESilusión.
A veces no puedo creer o no puedo entender cómo yo misma me tiro al abismo con pleno conocimiento de causa. No puedo alegar que yo no sabía lo que estaba haciendo, que hice las cosas sin darme cuenta porque nunca es así. Tanto en las buenas como en las malas siempre soy responsable de lo que me pasa. O mejor dicho, las cosas no “me pasan”, yo hago que me pasen.
Ahora mismo me siento enojada, confundida y cansada de todo. Como si de vez en cuando la vida se encargara de recordarme que no debo confiarme, que las cosas que salieron bien fueron solamente un poco de suerte, quizá un respiro.
A mi alrededor la gente cree que soy alegre y optimista. Digo cree, pero mas bien es lo único que muestro y lo único que pueden ver de mí. Muchas veces también lo creo. Me gusta ser así y alegrarle la vida a los demás, aunque muchas veces corro el peligro de que me encasillen y se molesten cuando no puedo representar el papel que yo misma me atribuí. Creo que esto es la única desventaja, y lo que más duele, que la comprensión que uno trata de dar a los demás no venga de regreso. Supongo que a veces espero demasiado de los demás.
Justo ahora ni siquera sé que esperar. No sé qué esperar de mí, ni de las otras personas, ni de la vida. El impulso que sentía al comienzo del año se ha hecho más débil, ha ido deteniéndose. Quizá sea que siento que las metas que me fijé no están basadas en hechos reales, sino en el poder de mi imaginación, o que son castillos en el aire que en cualquier momento de desvanecerán, dejando caer todo lo que construí sobre ellos. Todo se resume en una palabra: MIEDO.
Justo ahora no tengo la más mínima intención de salir del agujero donde me encuentro. No puedo. La forma en la que me siento no tiene una explicación racional, no sé qué me pasa, y además de lo que traigo dentro han estado las cosas que vienen de fuera.
Problemas en casa, a lo cual ya debería estar acostumbrada, pero me recordaron, una vez más, que cualquier cosa que yo haga, por mucho que trabaje, por más que estudie y sea una persona responsable y madura, no importa. Mi esfuerzos son inútiles porque mi trabajo de 10 años es un juego, mi carrera es fácil (y por eso pude tener 3 empleos al mismo tiemo, estudiar dos idiomas, y tomar cursos de capacitación) y lo que yo hago no tiene valor y lo podría hacer cualquiera.
Por lo anterior, problemas en el trabajo. Y ni siquiera, más bien fue tristeza y coraje de que lo toquen, por que es lo único que tengo.
Y problemas en el corazón. Estoy enojada conmigo misma, estoy triste, confundida, no sé qué hacer, o para donde mirar. No puedo ni quiero mirar hacia atrás, hacia lo que decidí dejar atrás pero que sigue caminando junto a mí y que además me ayuda a sobrellevar lo que ahora sucede. Me dejo llevar, no pregunto nada, acepto lo que viene, y espero.
Cuando me sienta lista volveré a caminar una vez más.